Principio de obsesión

Mi participación en el #Reto5líneas de febrero de Adella Brac.
Me siento culpable, una suerte de Marnie o de Raskólnikov. Hace cosa de una semana, me invitó a subir a su casa con la excusa de no recuerdo bien qué. El caso es que subí. Entre tanto cachivache mis ojos se posaron en uno de los objetos, que me atrajo de forma sorprendente. No sé por qué, pero cuando me lo acercó, me vi a mí mismo matándola y corriendo escaleras abajo con mi trofeo. He decidido dejar de leer tanto y pasar a la acción.

M. L. F.

Una broma mortal

Cuarta participación en el #Reto5líneas de diciembre propuesto por Adella Brac.

El tono del teléfono sonó fúnebre. D. contestó a la llamada de la mañana de aquel día con un débil “diga”, adivinatorio. La voz del otro lado le preguntó si J. se encontraba en casa. Como si un ángel pasara, reinó el silencio. “No, no está. ¿Por qué?” “Lo siento mucho. Se ha cortado las venas.” D. dejó caer el teléfono. Pasado un tiempo, sonó su móvil. Saltó el contestador. “¡Feliz Día de los Santos Inocentes!” No hubo respuesta.

M. L. F.

Simple y llanamente

La abuela del pequeño gran Tomasín le preguntó como quien pregunta al aire mientras removía el caldo que con tanta paciencia preparaba:

-¿Y qué quieres ser de mayor, Tomasín?

-Yo, jubilado.

La olla donde se preparaba el susodicho manjar cayó al suelo. Tooodo echado a perder. Tomasín y la abuela se miraron sobrecogidos y, de repente, estallaron en maravillosas carcajadas.

M. L. F.

ESTÁ PROHIBIDO

DestacadoESTÁ PROHIBIDO

-Me da igual. Lo voy a hacer.

-Te van a llamar la atención…

-¿Eso es todo? Mira cómo tiemblo.

-¡Joder!, pues yo me voy. Paso de que me digan nada y acaben echándonos por un capricho tuyo.

-¡Buah!, eres como ellos al fin y al cabo…, un cobarde. Lo llevamos haciendo toda la vida y, ahora, porque estén cuatro pelagatos en el poder que digan que no se puede hacer… ¡Joder!, ¿es que también me van a quitar mis vicios?

-Ya, pero es que si tu vicio no perjudicara a los demás…

-Mira, estoy harta. Vete o quédate, pero yo paso de cortarme.

-Me voy a la barra. Quiero ver lo colorada que te pones cuando te digan algo.

-Piérdete, gilipollas.

Empecé a saborear lentamente el placer que me daba poder disfrutar de mi vicio en un bar con un cafecito humeante. Pero, al poco de entrar en materia, se me acercó el camarero y, en voz baja, casi con-lo admito- más vergüenza que yo, dijo:

-Disculpe, está prohibido escribir aquí.

M. L. F.