Candilejas

Candilejas

Mi colaboración semanal en “El poder de las letras”-“Página de escritores”.

Yo

salía por las noches

para ver matices

de grises personas.

Nadie me dijo

que me quedaría

atrapada

en una instantánea,

detrás de la imagen.

Sola.

M. L. F.

Anuncios

“Relatando” una vez al mes con Adella Brac

“Relatando” una vez al mes con Adella Brac

Copio correo electrónico:

Por tu compromiso y constancia con el reto 5 líneas, eres merecedora de una medalla de bronce.

Una muestra de la generosidad de Adella Brac para con los participantes del reto.

Este año el marcador se puso a cero. Así que tengo dos medallas de bronce con esta.

Aquí os dejo el enlace que os llevará a conocer sus fantásticas novelas.

Y aquí, los enlaces a mis relatos, por si no los habéis leído y os queréis pasar:

Enero

Febrero

Marzo

Gracias de todo corazón, Adella. Es todo un placer el que cada mes nos invites a estrujar nuestra imaginación en cinco líneas y con tres palabras.

M. L. F.

Candela mía

Aquí os dejo el link que os llevará a Imagen encontró poemas, del blog “La Poesía No Muerde”, para que podáis ver dos grandes poemas que esta imagen encontró: uno de Anton Caes y el otro de Luces y Sombras, O. R.

El mío os lo dejo en esta entrada, después de la imagen.

Gracias, Hèléne Laurent.

IMG_7974

Imagen: Francisco Fernández Jiménez (El Ejido, Almería)

 

Sentí las llamas

creciendo en mí

con tal violencia

que pensé me destruirían.

Encerré el fuego que ardía

entre nosotros

-el miedo a la luz

me lo habían otorgado

noches oscuras

de whisky y serrín-.

Fue tu alma noble,

hecha de lumbre y jazmín,

la que acarició mi espalda

y me atrajo hacia sí.

Ahora,

descanso

en tus brasas,

purificándome.

Ahora…,

descanso

por fin.

M. L. F.

Mejor a la car(t)a

Mejor a la car(t)a

Mi novena colaboración en “El poder de las letras”.

Estoy al tanto de lo que ocurrió hace tiempo, gracias.

Me lo contó todo.

No entiendo porqué siguen con este cachondeo que, por otra parte, a mí no me hace ninguna gracia.

Será que es usted el que es y ha sido así.

¿Sabe qué pasa, señor? Pues pasa que tengo más clase que cualquiera de los que trabajan aquí, incluído usted, y exceptuando a uno de ellos.

No quiero sus disculpas, aunque quizá ni se le haya pasado por la cabeza el pedírmelas.

¡Ah, sí!, una cosa más…

Con todo el respeto, señor director, que es lo que no tiene usted conmigo…, ¡váyase a la mierda!

M. L. F.

Jamás debí contártelo

Mi colaboración en El Poder de las Letras. Todos los domingos.

1996

Una noche de verano soñé el más frío de los sueños: mi temor a perderte.

Entrabas en un bar y, en lugar de sentarte en una de las mesas, decidiste salir por una puerta trasera, una puerta sin salida aparente.

El receptáculo a que te encaminaste estaba en obras. Yo luchaba por avisarte de que no entraras allí. Pero tú no me oías, no podías hacerlo.

Yo era el testigo mudo de lo que iba a suceder.

Sólo había andamios repletos de ladrillos. Te paraste allí, como esperando no sé qué. No lo entendía y gritaba y gemía de dolor porque sabía que algo malo estaba a punto de suceder.

De repente, cayeron sobre ti decenas de ladrillos. Llovían sobre tu cuerpo.

Me desperté llorando.

Pocos meses después de la terrible pesadilla, regresaste de un largo viaje que a mí me pareció eterno.

Esa noche te conté el sueño que había tenido. Lloré mientras me mirabas preocupado y me tranquilizaste diciéndome que había sido sólo una pesadilla.

Me regalaste una camiseta con el dibujo de un bulldog inglés vestido con la bandera correspondiente. No sé dónde yacerá recordándome esa noche. Ahora, sólo en mi memoria.

Dos años más tarde, recibí la terrible noticia. Mi pesadilla había cobrado vida. Me maldije durante años.

Jamás volví a contarle a nadie mis pesadillas por miedo a que se cumplieran.