Artista erigido

Mi colaboración semanal en “Salto al reverso” de cada lunes.

Conocí a Gräfenberg el día de mi debut como trompetista en el Café Dublín junto con una compañera más habitual en esta plaza, que hacía el número del trombón.

No podía dejar de mover mis dedos sobre la barra de mármol del bar y dar coces contra la madera que la sostenía. La música iba acorde con mi pánico escénico. Era la primera vez.

Es curioso que conociera a este hombre el mismo día que enseñaba el arte de mi instrumento a un público que no conocía. Se acercó y me invitó a una negra haciéndole un gesto con la cabeza al camarero. Juro que no sé cómo, pero me la bebí de un sorbo. Al contrario de lo que creí, me puse aún más nervioso. El tipo me miraba con ojos de gato. No pronunció ni una sola palabra. Yo tampoco. La situación era absurda. Al fin, abrió la boca para decir que me relajase, que todo iba a salir bien, que mi trabajo duro daría esta noche sus frutos. Ganaría pasta, reconocimiento, todo lo que deseara. Una buena visión, pensé. Desconfiado, pero sin intuir sus intenciones, sentí como su mano se deslizaba por mi pierna hasta llegar a mi paquete.

—Para que te vayas calentando…, —me dijo.

—Pero, ¡¿qué coño haces?! —le solté apartándolo bruscamente.

—No levantes la voz, capullo, soy tu jefe. Esta noche no me puedes dejar mal, ya sabes… Así que, ¿por qué no empiezas a calentar motores?

Cuando acabó la actuación entre vítores y aplausos y con el jefe contento de cojones, rompí a llorar detrás del telón que ocultaba ya mi desnudez.

Vaya putada de vida, pensé. Vaya putada de vida…

M. L. F.

Palestina

Comparto con vosotros el eBook de libre consulta-Arte y poesía por Palestina

Hemos participado escritores y artistas de todo el mundo gracias a la hermosa iniciativa de Xabier Susperregi,escritor vasco, y Rosario Salazar, escritora mexicana. Cuenta con poemas e ilustraciones maravillosas.

Tres de mis poemas han sido incluidos en este noble y solidario proyecto.

Ojalá no hubiera que escribir sobre esto, de verdad.

M. L. F.

El que puede

Mi sexta colaboración en “El poder de las letras”.

Coge a tu pájaro

y mételo en una jaula.

Pasado un tiempo,

átale una de sus patitas

con un hilo fino;

con otro, la otra patita

para que no salte.

Pégale las alas

para que no vuele

y anúdale el pico

para que no cante.

Venda sus ojitos,

para que no vea nada,

ni siquiera a ti.

Después, pregúntate:

¿Por qué ya no salta?

¿Por qué ya no extiende sus alas?

¿Por qué ya no canta?

Pregúntate:

¿Por qué ya no mira

con curiosidad a su alrededor

para compartirlo conmigo?

Pregúntate,

si es que eres una de esas personas

capaces de cuestionarse algo

en este mundo…,

por qué lo has matado en vida.

Y, por qué, después de tanto “trabajo”,

lo has tirado a la basura

porque ya no salta

porque ya no vuela

porque ya no canta.

M. L. F.

En la tienda

Continuación de la vida de M.

M. se dirigió aquella mañana de otoño a la tienda que quedaba a poca distancia de su casa. En realidad, no había entrado nunca y fue la decisión de hacerlo lo que hizo de ese día un día especial (al menos para él, que ya es bastante).

Veréis el porqué…

Después de recorrer el establecimiento varias veces y no encontrar lo que buscaba, se decidió a preguntarle a una de las empleadas que se encontró en el camino.

-Disculpe, ¿los huevos, dónde están, por favor?

-Aquí no tenemos huevos.

M. salió de allí con la cabeza bien alta y pensando con gran júbilo que no era el único que no los tenía.

M. L. F.