Mordiscos: He aprendido a sostenerte con mis ojos

Mordiscos: He aprendido a sostenerte con mis ojos

Que mis versos sirvan de inspiración a un grande de las letras como lo es Gocho Versolari, no tiene precio. Aquí os dejo sus divinas palabras.
Gracias, compañero

Gocho Versolari, Obra Poética

…Temo
que al no mirarnos,
desaparezcas…
Marina López Fernández – Grietas en la carretera

En todos estos años
he aprendido a sostenerte con mis ojos. Siento
que cuando dejo de observarte
vuelves a caer en todos tus abismos
y un cúmulo de hormigas me silba el esternón
hasta que mi vista te atrapa nuevamente
y siento que te rescato de las inmensidades,
que tus miradas de vértigo y terror
se llenan de paz en esta tarde
en que el sol pacífico golpea las celosías
y un lento oso de sal
sostiene el día.

GOCHO VERSOLARI

Ver la entrada original

Grietas en la carretera

Grietas en la carretera

Mi colaboración en “El poder de las letras”-“Página de escritores”.

Sólo

era una sombra.

Sólo,

su reflejo.

Su cabeza

era un arbusto

y su cuerpo…

Un haz de luz

reflejaba

Su contorno…

La mano

escondida

Tras la otra…

Señal de

Bienvenida

Mentira

Con tijeras

corta

Planos

líneas rectas

de adoquín

y asfalto

Ssshhh…

Quédate ahí

que tengo miedo.

Que yo…

Me quedo aquí.

Temo

que al no mirarnos,

desaparezcas…

Temo

que al no mirarnos…

¡Detrás de ti!

M. L. F.

Una broma mortal

Cuarta participación en el #Reto5líneas de diciembre propuesto por Adella Brac.

El tono del teléfono sonó fúnebre. D. contestó a la llamada de la mañana de aquel día con un débil “diga”, adivinatorio. La voz del otro lado le preguntó si J. se encontraba en casa. Como si un ángel pasara, reinó el silencio. “No, no está. ¿Por qué?” “Lo siento mucho. Se ha cortado las venas.” D. dejó caer el teléfono. Pasado un tiempo, sonó su móvil. Saltó el contestador. “¡Feliz Día de los Santos Inocentes!” No hubo respuesta.

M. L. F.

Jamás debí contártelo

Mi colaboración en El Poder de las Letras. Todos los domingos.

1996

Una noche de verano soñé el más frío de los sueños: mi temor a perderte.

Entrabas en un bar y, en lugar de sentarte en una de las mesas, decidiste salir por una puerta trasera, una puerta sin salida aparente.

El receptáculo a que te encaminaste estaba en obras. Yo luchaba por avisarte de que no entraras allí. Pero tú no me oías, no podías hacerlo.

Yo era el testigo mudo de lo que iba a suceder.

Sólo había andamios repletos de ladrillos. Te paraste allí, como esperando no sé qué. No lo entendía y gritaba y gemía de dolor porque sabía que algo malo estaba a punto de suceder.

De repente, cayeron sobre ti decenas de ladrillos. Llovían sobre tu cuerpo.

Me desperté llorando.

Pocos meses después de la terrible pesadilla, regresaste de un largo viaje que a mí me pareció eterno.

Esa noche te conté el sueño que había tenido. Lloré mientras me mirabas preocupado y me tranquilizaste diciéndome que había sido sólo una pesadilla.

Me regalaste una camiseta con el dibujo de un bulldog inglés vestido con la bandera correspondiente. No sé dónde yacerá recordándome esa noche. Ahora, sólo en mi memoria.

Dos años más tarde, recibí la terrible noticia. Mi pesadilla había cobrado vida. Me maldije durante años.

Jamás volví a contarle a nadie mis pesadillas por miedo a que se cumplieran.