Amara

Dibujo: Nessa G.

– Amara…, ¿qué te pasa…?

– …

– Últimamente, te noto ausente. Te quedas mirando al infinito, como ahora, y siento que desaparezco de tu mundo.

Mírame, te lo ruego. Me tienes muy preocupado. Hace días que sólo le sonríes al horizonte y tus ojos sólo miran serenos al cielo.

Tengo miedo.

– …

– No quiero presionarte… No quiero que hagas nada que no quieras hacer.

Sólo háblame, por favor…

Amara giró lentamente su cabeza hacia él. Le miró fijamente. Sus ojos eran todavía más verdes de lo que él recordaba. Destellos azules parecían asomar cuando el sol reflejaba de lleno su luz en ellos. Separó lentamente sus labios, más rojos que nunca, dejando escapar el aire que parecía contenido en ella desde hacía años, y habló:

– Sólo sueño.

Paralizado, como si fuera la primera vez que la veía, asintió y le impulsó a que continuara.

– Sólo sueño despierta. Sueño con nosotros dos, con lo que pudimos haber hecho juntos.

Las promesas de miles de aventuras que correríamos las hago realidad en mi pensamiento porque el tiempo las ha ahogado, y nosotros también…

Amara no apartaba la mirada de él. Empezaron a asomar lágrimas en sus ojos. Se había callado muchas cosas. Cosas que pensó que a él no le interesarían y que, por otra parte, no le interesaban.

La culpa, si es que existe, es de los dos. No supimos aprovechar lo que teníamos. Nos dedicamos a dejar pasar los días y a empezar con “quizá mañana”, pero ese mañana nos consumía en cada presente. Ahora ya pasó…

– …A-ma-ra…, yo…

– No digas nada, por favor. No hace falta,en serio.

Amara giró de nuevo su cabeza hacia el horizonte, que hacía más verdes sus ojos y más azules sus días, y respiró profundamente.

Por fin, después de tanto y nada, se sintió libre.

M. L. F.

Inmensidades finitas

XXIII

Ojalá no os aten vuestras ilusiones,

pequeños grandes niños del mañana.

Ojalá os presten sus alas

para no temer volar cuando llegue la hora…

Fin

M. L. F.

Re – Escribiéndome

Levanté la vista, y ahí estaba yo, con el pelo corto -pensé que nunca llegaría ese día- y blanco y gris -eso sí que lo dije-.

Los collares me los ponía sólo cuando le gustaban a mi madre, de tiempo en tiempo. Hoy los llevo.

Me recuerdo como hace años, mirando…, sin mirar. Seguro que yo no me acuerdo de ella. Aún no la conozco. Pero su leve movimiento rítmico de la cabeza me hace pensar que sigue siendo muy pensativa, como cuando vivía tan sólo tan sola en mi mente. Y parece que en eso no cambiaré.

Echo de menos los pendientes de mi madre que ahora cuelgan de mis orejas, porque siguen siendo mías aunque un poco más grandes, con lo pequeñas que eran. David siempre me lo decía. Le encantaban mis orejas “aaayyyy, que pequeñitas”. Parezco estar oyéndolo.

Os estoy echando de menos. Cómo pasa el tiempo… -estoy y estaré pensando-.

¿Por qué estoy sola tomándome algo que ya acabé, y el café sin apenas empezarlo y el vaso de agua a un lado, yo escribiendo, yo mirando años después?

Os estoy echando mucho de menos a todos. Porque fuimos tantos y tan poco. Sólo me acuerdo del amor que os tenía y que la abuela siempre decía que no entendía como podíamos estar tan desunidos.

Y papá y mamá… Se me asoman las lágrimas.

Ojalá nos hubiésemos parado un poco a comprendernos.

No sé cuántos quedamos ya. Pero siento como si se hubieran ido todos. Y sólo recuerdo el árbol solitario aquel en la plaza de mi infancia que quedaría si yo me muriera. Porque pensé que cuando yo no estuviera todos desaparecerían y sólo quedaría ese árbol.

Lo peor de todo es que sigo viva y todos han cerrado ya sus ojos, como hace muchos años.

M. L. F.

Confesiones vacías

Confesiones vacías

Entras en el mismo bar de hace 30 años ya…

¿Cómo te sientes? ¿Qué ha cambiado? El alcohol. La poesía, del momento.

Se te ve centrado, loco, bohemio, demasiado francés. Te gustas.

Tu voz… El tiempo ha pasado. Ya vas viejo, viejo artista. Te lo recuerdan tus pastillas, tus manías e inseguridades por temor a que no se te entienda.

Estás como una puta cabra. Me encanta esa parte infantil que no has abandonado.

-Estoy acabado. Mira lo que dice el presentador de este circo. Como si yo fuera un dinosaurio, algo desproporcionado, que haría que la gente se sorprendiera. Pero soy lo que fui. Queda un reflejo.

La gente me quiere. ¿Por qué sino habrían de escoger mi escenario? Qué delgados están todos… Yo también estuve drogado muchas veces.

Es de día y el sol me quema la cabeza. De mi garganta salen rayos de luz.Pero no es de noche. Ya no puedo por las noches.

Tienes garra, viejo. ¡Alma!

Siempre me llamó la atención el poder hacer de los cantantes aún puestos hasta arriba de todo. Bueno, cualquier tipo de creador-artista.

-¡Tú estás hablando conmigo, joder! No hundas la cabeza, pedazo de gilipollas.

(Guitarra melódica)

No para de decirme: ¡yeah! ¡yeah!

Anda, “méteo polo cú”.

Las luces de la ciudad… La poesía… Oporto…

Me gusta el sonido que hacen mis zapatos contra la piedra dura de ayer al mismo tiempo que se mueven casi en imperceptibles círculos sobre la arenisca en esta calle silenciosa. Me recuerdan a los pasos de mi padre. Ahora se han convertido en los míos.

Ella está como siempre. El cuello sosteniéndole la cabeza hacia atrás. Me encanta que se le vea la garganta porque hace que su sonrisa sea amplia, seductora e infantil. Todo en ella es adorable. Mantiene la postura de chica traviesa, que no quiere aparentar serlo o sí, sabiendo que lo es…

-Aún me sigo divirtiendo, joder, aún lo sigo haciendo.

Un genio.

-Se me metía la música en la cabeza. Me dolía de tanto placer.

Tartamudeas al hablar. Me encanta.

-¿A qué coño quieren que juegue? En su puto circo de luces de neón de colorines y pantallas inmensas con el símbolo de la globalización, porque es el símbolo, sin duda, aunque pretendan darnos a entender otra cosa.

Toma premio de mierda.

-Brindan las copas en mi copa mientras mis ojos sudan lágrimas que nadie ve.

Que aburrido está todo hoy…

Siempre fuiste un alma noble. Eso ni la vejez te lo va a quitar.

En los ojos de mi madre siempre hay una luz, también. La que me encandiló. La que busco, esa chispa, que me acerque a la luz que tengo yo dentro de mí. En parte es egoísta.

-No me gusta dormir con ruidos.

Nunca he sido hipócrita. Nunca, en mis canciones. Jamás.

M. L. F.