Blanco y rojo

Mi nueva colaboración en “Salto al reverso”.

M L. F.

SALTO AL REVERSO

Encajada,

sobre negro fundido en verde

sin esperanza,

hállase la silla de madera

de nuestros abuelos

—máscaras en la tierra—

lijada a conciencia

y con rabia.

Sobre ella,

descansa el cuerpo de mi madre

rendida.

Sus brazos caídos

a ambos lados,

los pliegues de sus nalgas,

a empujones las piernas

y su hermosa cabeza

tensa hacia atrás

—parece como si la sostuviera su pelo

caído en vertical—

aguantan su peso.

El tacto melodioso

del azul en sus pupilas

yacen ya,

rozando,

el infinito.

Dentro,

en sus entrañas,

su hijo muerto,

olor a procesión por dentro.

De su vagina

—marioneta sexual—

aún penden hilos de sangre

ya sólidos,

se anclan al negro suelo

como para que no se vaya.

Y la cruz,

sobre todas las cosas

y ninguna,

retiene,

imperturbable,

la escena.

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“AZAHAR” Revista poética – N.* 91

“AZAHAR” Revista poética – N.* 91

Hace unos días Jose Luis Rubio Zarzuela me envió una invitación para colaborar en el número 91 de la revista poética “Azahar”.

La orden: enviar un poema de tema libre con una extensión máxima de 30 versos.

No me lo pensé y acepté de inmediato.

Aquí os dejo las imágenes para que podáis ver los nombres de los colaboradores y mi poema.

La revista podréis verla en breves. Actualizaré la entrada cuando se haga visible.

Abrazos y gracias

Carta de despedida de Pequeña a los padres que nunca tuvo

Pequeña se sentó en su escritorio. Agarró la silla como para no escaparse y cogió el bolígrafo con sus manitas temblorosas. Éste iba a ser un ejercicio difícil: desengancharse de sus recuerdos bonitos, los menos, que tenía en su cabeza como mensajes publicitarios rodeados de luces de neón. Iba a deshacerse de la realidad que se había creado, de los padres que se había imaginado. Así que comenzó…

Se supone que es una carta para despedirme de la idealización en la que tengo metidos a mis padres, pero en el fondo parece que todo apunta a despedirme de la idealización que tengo en mi cabeza de mí misma como consecuencia del reflejo paterno, así es que…

Me gustaría despedirme agradeciéndoos todo esto:

Gracias por darme el aliento necesario para levantarme de la cama cuando apenas tenía uso de razón y me ensañáseis a apreciar la vida con los ojos abiertos.

Gracias por enseñarme a tener autonomía y a que hay más gente que me puede querer aparte de mi familia.

Gracias por enseñarme a estar contenta con mi cuerpo y con mi mente.

Gracias por explicarme lo que le pasaba a …. para no sentirme culpable; y dejar que llorara y expesara mis emociones, preguntándome, porque os preocupaba realmente lo que sentía.

Gracias por sentaros a mi lado, sin prisas, conscientes de lo importante que es que una niña comprenda que no es culpa suya.

Gracias por no hacerme sentir culpable ni cómplice de nada de lo que os atañera como pareja.

Gracias por no compararme con nadie.

Gracias por hacer que creyera en mis posibilidades y por orientarme adecuadamente.

Gracias por expresarme lo contentos que estábais del esfuerzo tan grande que estaba haciendo después de ya sabéis que.

Gracias por marcarme los horarios y por enseñarme cual era la mejor forma de organizarme.

Gracias por ayudarme a conocer mis límites sin juzgarme.

Gracias por hablar directamente conmigo antes que con nadie.

Gracias por no dejar que desaprovechara el tiempo, por hacer que lo valorara.

Gracias por respetar mi espacio y no hacerme sentir culpable por ello.

Gracias por sentaros conmigo y no dejarme sentir miedo, tristeza o culpabilidad, sino una seguridad calurosa y afectuosa.

Gracias por enseñarme a manejar mis emociones, a que las comprendiera y las expresara.

Gracias por todo y más, de verdad.

Un pequeño apunte: sólo me hubiera gustado que fuéseis reales.

Nadie es perfecto, ¿verdad?

Pequeña dejó el bolígrafo encima de la mesa, se reclinó en su silla y estuvo largo tiempo mirando a la pared imaginándose a los que pudieron haber sido sus padres.

La carta no había servido de nada.

M. L. F.

“In dubio pro reo”

No he llegado a nacer. Podría decirse que estoy muerto o que alguien interrumpió mi vida. Quizá sea la conciencia de mi madre o quizá sea su voz la mía.

Sólo sé que mientras estaba en su barriga oía muchos gritos, ecos de golpes. Mi madre llorando…

Supongo que él lo había estando observando, no sé desde qué lugar oscuro y frío. Salían noticias referidas al monstruo en la televisión. Así le llamaban: “el monstruo”.

Yo sólo creo que intentaba salvar vidas con el poder de la muerte. Yo, al menos, me siento salvado. Pero no se lo agradezco, ya me las pagará.

Era un sábado por la noche. Mi padre había salido, como de costumbre, a la taberna de abajo. Volvería borracho a casa, al lado de mi madre. Le pegaría y yo sentiría un dolor punzante en el corazón que, si hubiera nacido, acabaría derivando en un ataque cuando contara 36 años de edad. Hubiera sido divertido y macabro.

El objetivo del “monstruo” era matar a las madres en estado de buena esperanza cuyos hijos fueran a vivir en un ambiente lleno de violencia y maltrato.

Esa noche, sería la última para los tres.

Un sable atravesó de parte a parte a mi madre, a mí.

Todo se volvió confuso.

Yo ya no era la criatua que esperaba mi madre y me sentía como si me hubieran echado una placa de cemento en el pecho. Mi respiración se ahogaba por momentos. Vino la oscuridad.

Al día siguiente, las portadas de todos los periódicos rezaban el titular: EL ÚLTIMO ASESINATO DEL MONSTRUO. Relataban que, poco después de atacar a su víctima, había muerto de un paro cardíaco a la edad de 36 años.

M. L. F.

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Retrato Un Bello Eterno Nuestro

Retrato Un Bello Eterno Nuestro

Lo primero que me gustó de nuestras conversaciones fue el olor agrio y lechoso del café que desprendían tus labios.

Tus manos resbalaban por tu cara como el aceite de oliva, ese oro que conocería cuando adorase a tu madre.

Vi la miel en tus ojos. La degustaste en los míos, pero no te atrevías a tocarla.

El primer “clin” de vino tinto fue como el “crac” del chocolate al romperse entre tus dientes blancos, duros, perfectamente imperfectos.

Creo que fue esa mezcla la que me llevó a ser parte de ti y a dejar de serlo.

M. L. F.