Consciente

Consciente

Mi colaboración de todos los domingos en “El poder de las letras” – Página de escritores

Solo

tienes que mirar un poco dentro de ti para darte cuenta de que esas luces que brillan afuera son el reflejo de lo que ya

eres:

tu propio guía.

Así que déjate de gilipolleces.

M. L. F.

Candela mía

Aquí os dejo el link que os llevará a Imagen encontró poemas, del blog “La Poesía No Muerde”, para que podáis ver dos grandes poemas que esta imagen encontró: uno de Anton Caes y el otro de Luces y Sombras, O. R.

El mío os lo dejo en esta entrada, después de la imagen.

Gracias, Hèléne Laurent.

IMG_7974

Imagen: Francisco Fernández Jiménez (El Ejido, Almería)

 

Sentí las llamas

creciendo en mí

con tal violencia

que pensé me destruirían.

Encerré el fuego que ardía

entre nosotros

-el miedo a la luz

me lo habían otorgado

noches oscuras

de whisky y serrín-.

Fue tu alma noble,

hecha de lumbre y jazmín,

la que acarició mi espalda

y me atrajo hacia sí.

Ahora,

descanso

en tus brasas,

purificándome.

Ahora…,

descanso

por fin.

M. L. F.

A-Troz-os

A-Troz-os

Mi séptima colaboración en “El poder de las letras”.

La boca

haciéndose

pequeña.

Los ojos

alargándose

hasta las sienes,

son ahora como líneas

que dejan pasar

un átomo de luz,

quizá.

Cuesta respirar.

Las fosas nasales

apenas dos puntos.

Las orejas cortadas

el oído

muerto.

El cerebro en off.

No hay información.

Me pregunto:

¿será lo mejor?

Porque a veces…,

puedo jurarlo

a veces…,

me duele el corazón.

M. L. F.

Eternos

Eternos

I

Sólo quería decirle…,

que su aroma

rasgaba el aire del otoño

y ponía la luz

contra los cristales.

II

Te miro,

aunque no me veas.

Te siento,

aunque no me toques.

III

Déjame quererte libre

libre

Déjame quererte así

Cuando esté la mar baja

y la quietud de las luces anuncie

el vuelo de las aves hacia el verde infinito

de tus ojos…

Ahí,

ahí déjame quererte libre

libre

déjame quererte así.

IV

Contigo…

A

P

K

2

M. L. F.

Verano casi otoño

Supuestamente, hoy empezaba la primavera. No sé porqué, pero hoy me ha llegado tu recuerdo.

Te había hecho contar hasta cien de diez en diez, tapados tus ojos con tus manitas y apoyada tu frente en la farola testigo de los cambios de temporal en el puerto de nuestra infancia.

Se te veía enfadada. Me reí mucho de ti ese día.

Sin embargo, nunca olvidaré aquel beso en la nariz, inocente, que te dí al despedirnos, prima Vera.

Recuerdo, como si fuera ahora, haber saltado dentro del coche de los tíos aquella preciosa tarde de reflejos dorados como chispitas en el mar; tu pelo rizo imitando las ondas calmas; tus ojos verdes, casi azules a la luz del sol…

Puedo decirte, sin ápice de duda, que esa fue la primavera de mi vida.

M. L. F.