Artista erigido

Mi colaboración semanal en “Salto al reverso” de cada lunes.

Conocí a Gräfenberg el día de mi debut como trompetista en el Café Dublín junto con una compañera más habitual en esta plaza, que hacía el número del trombón.

No podía dejar de mover mis dedos sobre la barra de mármol del bar y dar coces contra la madera que la sostenía. La música iba acorde con mi pánico escénico. Era la primera vez.

Es curioso que conociera a este hombre el mismo día que enseñaba el arte de mi instrumento a un público que no conocía. Se acercó y me invitó a una negra haciéndole un gesto con la cabeza al camarero. Juro que no sé cómo, pero me la bebí de un sorbo. Al contrario de lo que creí, me puse aún más nervioso. El tipo me miraba con ojos de gato. No pronunció ni una sola palabra. Yo tampoco. La situación era absurda. Al fin, abrió la boca para decir que me relajase, que todo iba a salir bien, que mi trabajo duro daría esta noche sus frutos. Ganaría pasta, reconocimiento, todo lo que deseara. Una buena visión, pensé. Desconfiado, pero sin intuir sus intenciones, sentí como su mano se deslizaba por mi pierna hasta llegar a mi paquete.

—Para que te vayas calentando…, —me dijo.

—Pero, ¡¿qué coño haces?! —le solté apartándolo bruscamente.

—No levantes la voz, capullo, soy tu jefe. Esta noche no me puedes dejar mal, ya sabes… Así que, ¿por qué no empiezas a calentar motores?

Cuando acabó la actuación entre vítores y aplausos y con el jefe contento de cojones, rompí a llorar detrás del telón que ocultaba ya mi desnudez.

Vaya putada de vida, pensé. Vaya putada de vida…

M. L. F.

Retrato Un Bello Eterno Nuestro

Retrato Un Bello Eterno Nuestro

Lo primero que me gustó de nuestras conversaciones fue el olor agrio y lechoso del café que desprendían tus labios.

Tus manos resbalaban por tu cara como el aceite de oliva, ese oro que conocería cuando adorase a tu madre.

Vi la miel en tus ojos. La degustaste en los míos, pero no te atrevías a tocarla.

El primer “clin” de vino tinto fue como el “crac” del chocolate al romperse entre tus dientes blancos, duros, perfectamente imperfectos.

Creo que fue esa mezcla la que me llevó a ser parte de ti y a dejar de serlo.

M. L. F.

ESTÁ PROHIBIDO

DestacadoESTÁ PROHIBIDO

-Me da igual. Lo voy a hacer.

-Te van a llamar la atención…

-¿Eso es todo? Mira cómo tiemblo.

-¡Joder!, pues yo me voy. Paso de que me digan nada y acaben echándonos por un capricho tuyo.

-¡Buah!, eres como ellos al fin y al cabo…, un cobarde. Lo llevamos haciendo toda la vida y, ahora, porque estén cuatro pelagatos en el poder que digan que no se puede hacer… ¡Joder!, ¿es que también me van a quitar mis vicios?

-Ya, pero es que si tu vicio no perjudicara a los demás…

-Mira, estoy harta. Vete o quédate, pero yo paso de cortarme.

-Me voy a la barra. Quiero ver lo colorada que te pones cuando te digan algo.

-Piérdete, gilipollas.

Empecé a saborear lentamente el placer que me daba poder disfrutar de mi vicio en un bar con un cafecito humeante. Pero, al poco de entrar en materia, se me acercó el camarero y, en voz baja, casi con-lo admito- más vergüenza que yo, dijo:

-Disculpe, está prohibido escribir aquí.

M. L. F.