En la tienda

Continuación de la vida de M.

M. se dirigió aquella mañana de otoño a la tienda que quedaba a poca distancia de su casa. En realidad, no había entrado nunca y fue la decisión de hacerlo lo que hizo de ese día un día especial (al menos para él, que ya es bastante).

Veréis el porqué…

Después de recorrer el establecimiento varias veces y no encontrar lo que buscaba, se decidió a preguntarle a una de las empleadas que se encontró en el camino.

-Disculpe, ¿los huevos, dónde están, por favor?

-Aquí no tenemos huevos.

M. salió de allí con la cabeza bien alta y pensando con gran júbilo que no era el único que no los tenía.

M. L. F.

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Jamás debí contártelo

Mi colaboración en El Poder de las Letras. Todos los domingos.

1996

Una noche de verano soñé el más frío de los sueños: mi temor a perderte.

Entrabas en un bar y, en lugar de sentarte en una de las mesas, decidiste salir por una puerta trasera, una puerta sin salida aparente.

El receptáculo a que te encaminaste estaba en obras. Yo luchaba por avisarte de que no entraras allí. Pero tú no me oías, no podías hacerlo.

Yo era el testigo mudo de lo que iba a suceder.

Sólo había andamios repletos de ladrillos. Te paraste allí, como esperando no sé qué. No lo entendía y gritaba y gemía de dolor porque sabía que algo malo estaba a punto de suceder.

De repente, cayeron sobre ti decenas de ladrillos. Llovían sobre tu cuerpo.

Me desperté llorando.

Pocos meses después de la terrible pesadilla, regresaste de un largo viaje que a mí me pareció eterno.

Esa noche te conté el sueño que había tenido. Lloré mientras me mirabas preocupado y me tranquilizaste diciéndome que había sido sólo una pesadilla.

Me regalaste una camiseta con el dibujo de un bulldog inglés vestido con la bandera correspondiente. No sé dónde yacerá recordándome esa noche. Ahora, sólo en mi memoria.

Dos años más tarde, recibí la terrible noticia. Mi pesadilla había cobrado vida. Me maldije durante años.

Jamás volví a contarle a nadie mis pesadillas por miedo a que se cumplieran.

“Relatando” una vez al mes en Adella Brac

Copio correo electrónico

Por tu compromiso y constancia con el reto 5 líneas, eres merecedora de una medalla de bronce.

Una muestra de la generosidad de Adella Brac para con sus colaboradores.

Aquí os dejo el enlace que os llevará a conocer sus fantásticas novelas.

Y aquí, los enlaces a mis relatos, por si no los habéis leído y os queréis pasar:

Septiembre

Octubre

Noviembre

Gracias de todo corazón, Adella. Es todo un placer el que cada mes nos invites a estrujar nuestra imaginación en cinco líneas y con tres palabras.

M. L. F.

“El proceso”, de Franz Kafka

2017-11-29 Marina López Fernández
<<No debes confiar demasiado en unas opiniones. La escritura es invariable y las opiniones no son con frecuencia más que la expresión de lo desesperante que ello resulta.>>
“El proceso”, Franz Kafka

Joseph K., apoderado de un banco, se ve de la noche a la mañana inmerso en un proceso del que nadie parece saber algo.

Aparentemente, no hay crimen. Sólo acusación. Quizás un posible castigo.

Como lectores acompañamos al protagonista en su proceso. Uno se pregunta: qué pasa, por qué nadie sabe nada, cómo ha llegado este hombre a tal situación. El narrador nos muestra la posibilidad de saberlo, pero sólo nos dirige a través de los personajes y del pensamiento de nuestro amigo. Aquí, Kafka hace un uso espectacular de su oficio narrando detalladamente el lenguaje corporal de los participantes de esta atmófera onírica.

Desde el principio, todo parece un sueño. Si nos vamos a la Biblia vemos como en ésta se habla de la muerte como un sueño. Este proceso de K., es el proceso del alma, del espíritu de todo hombre: soñar-morir-resucitar. Ser entre esos estados. Una suerte de duelo consigo mismo, pues vemos como K. pasa por las distintas fases del mismo: negación, ira, negociación, depresión, aceptación. En fin, un viaje inexorable hacia la muerte.

La primera frase nos hace empatizar con el personaje. No le damos el beneficio de la duda, simplemente en nuestras cabezas afirmamos su inocencia.

Nos encontramos personajes como el pintor, que marcan un punto de inflexión en la obra pues parece capaz de dar un poco de luz al asunto; el comerciante, que parece que avanza un poco la trama. Pero es el italiano el que le conduce a una iglesia (¿casualidad?)

En este punto todo desaparece y entra en acción el sacerdote, que viene a desvelarnos en parte que el proceso podría bien llamarse purgatorio. K. trata de dar razones, pero la fe no entiende de razones. Es como darse con la cabeza contra un muro.

El final es digno de este grande de las letras. Y nos deja con la duda de si habrá sido el comienzo del proceso.

Según avanzaba en la lectura, pasaban por mi cabeza obras como “Alicia en el País de las Maravillas”, “Crimen y castigo” y un guiño más tardío en la película “Being John Malkovich”.

*En esta edición, en su apéndice, se nos muestran capítulos incompletos y fragmentos suprimidos por el autor*

Una obra maestra que refleja a la perfección los vacíos legales a que se enfrenta la sociedad, al vacío de una supuesta justicia; una crítica a la Iglesia Católica; un no saber qué lugar ocupar en esta vida como individuo.

*Esta es mi opinión, de ahí la frase de cabecera.*

M. L. F.