Raquel: modelo para matar

Ilustración: Nessa G.

Esto de ser modelo es una mierda. Si no fuese porque necesito pelas para la Uni, iba a estar aquí el Tato.

Tengo que aguantar las burlas de mi familia. La chica florero, me dicen. La chica florero… Pues ayudadme, ¡coño ya! Es tan fácil juzgar a los demás. Me paso dos horas por las mañanas, martes y jueves, posando para catálogos que a lo mejor al final ni salen a la luz. Cuatro horas de clase en la facultad y seis horas (en el mejor de los casos) chapando para sacar los exámenes.

Y después que si soy una aburrida, que no me relaciono, que estoy de mala leche, etc., etc., etc.

¡No te jiba! ¡No tengo tanta energía!

Pero bueno, ya me vengaré. Cuando acabe la carrera, montaré un estudio e intentaré joder un poco a las modeluchas de turno que contrate.

Se van a cagar.

M. L. F.

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A migas

El “Reto de los 30 meses” que le prometí hacer a Nessa G. los últimos lunes de cada mes, hoy y excepcionalmente, se ha convertido en un martes (al menos en esta parte del mundo)… Disculpa este olvido.

¡Vamos a cumplir, pues!

Dibujo: Nessa G.

– Esos ojos y esa sonrisa hace años que no se dejan ver. A ti te pasó algo…

– Bueno…, digamos que este fin de semana conocí a un tío cojonudo en “La mar salada”, el pub de moda ese al que te llevé hace cosa de un mes.

– ¿Fuiste sola, tía?

– Buff, tenía ganas de una copa. Salí del curro hecha una puta mierda y necesitaba desconectar… ¡Todo el santo día al teléfono! Necesitaba ruido exterior para acallar mi barullo mental.

– A ver, vete al grano de una vez, pesada.

– Jajaajja, mira quién habla.

Pues nada, estaba sentada en un taburete pegada a la barra. Y, nena, se me acercó el pavo más interesante- al menos físicamente – que he visto hasta ahora. Resultó que era interesante también por la conversación que mantuvimos. Conectamos al momento mentalmente.

– Sí bueno. Sigue, sigue.

– Después de darnos cuenta de que toda la peña se había pirado, decidimos abandonar el local nosotros también.

– ¡¿Y qué pasó?!

– Tía, tranqui.

Pasó que me besó.
¡Que pedazo beso, hermana! Me puso a mil en cero coma.

No sé cómo, pero en un plisplás ya nos estábamos dando el lote en el callejón que hay detrás del garito. Vamos, que nos pegamos un repaso guapo.

– ¿Te lo llevaste a casa, putón?

– Jjajaja. No

– ¿Cómo que no?

– Pues eso, que no.

– No entiendo.

– ¿ Qué no entiendes? Lo que quisimos hacer desde un principio lo hicimos. ¿Para qué, entonces?

– No sé, para seguir dándole al tema, digo yo.

– Decidí, pese a mi lamentable estado, que lo mejor sería que cada mochuelo se fuera a su olivo.

– ¿Y qué le pareció a él?

– Se lo tomó de pinga. Resulta que está casado.

– ¡No!

– Sí.

– No pareces muy afectada. Todo lo contrario.

– ¡Y tanto que no! Quedé con él el próximo finde. A ver qué pasa.

– Sabes perfectamente qué pasará.

– ¡Carallo si lo sé!

M. L. F.

Amara

Dibujo: Nessa G.

– Amara…, ¿qué te pasa…?

– …

– Últimamente, te noto ausente. Te quedas mirando al infinito, como ahora, y siento que desaparezco de tu mundo.

Mírame, te lo ruego. Me tienes muy preocupado. Hace días que sólo le sonríes al horizonte y tus ojos sólo miran serenos al cielo.

Tengo miedo.

– …

– No quiero presionarte… No quiero que hagas nada que no quieras hacer.

Sólo háblame, por favor…

Amara giró lentamente su cabeza hacia él. Le miró fijamente. Sus ojos eran todavía más verdes de lo que él recordaba. Destellos azules parecían asomar cuando el sol reflejaba de lleno su luz en ellos. Separó lentamente sus labios, más rojos que nunca, dejando escapar el aire que parecía contenido en ella desde hacía años, y habló:

– Sólo sueño.

Paralizado, como si fuera la primera vez que la veía, asintió y le impulsó a que continuara.

– Sólo sueño despierta. Sueño con nosotros dos, con lo que pudimos haber hecho juntos.

Las promesas de miles de aventuras que correríamos las hago realidad en mi pensamiento porque el tiempo las ha ahogado, y nosotros también…

Amara no apartaba la mirada de él. Empezaron a asomar lágrimas en sus ojos. Se había callado muchas cosas. Cosas que pensó que a él no le interesarían y que, por otra parte, no le interesaban.

La culpa, si es que existe, es de los dos. No supimos aprovechar lo que teníamos. Nos dedicamos a dejar pasar los días y a empezar con “quizá mañana”, pero ese mañana nos consumía en cada presente. Ahora ya pasó…

– …A-ma-ra…, yo…

– No digas nada, por favor. No hace falta,en serio.

Amara giró de nuevo su cabeza hacia el horizonte, que hacía más verdes sus ojos y más azules sus días, y respiró profundamente.

Por fin, después de tanto y nada, se sintió libre.

M. L. F.

El reto de los 30 meses

Hoy comienzo un reto que le planteé hace un tiempo a Nessa G., del blog “Los Lunes Perros”, a raíz del Reto de los 30 días que le propuso hacer Paulaimantada.

Paula, se propuso el reto de los 30 días dedicado al ejercicio físico; Nessa, al dibujo; y yo, a las letras, pero con una pequeña variante. En lugar de 30 días, yo lo haré en 30 meses. El último lunes de cada mes adjuntaré un relato (o lo que surja) a cada uno de los dibujos del reto de Nessa (ella ya lo acabó).

Así que, ¡empecemos!

M. L. F.

Volar

Volar

Mi colaboración en El poder de las letras-Página de escritores

Todo empezó con la desaparición del vaso. No de un vaso cualquiera. Bueno, sí, un vaso corriente pero extremadamente especial, mágico. En él había dejado sus palabras y su aliento impregnando sus paredes.

No supe qué había pasado hasta hace poco.

Nuestros padres nos habían castigado durante una semana sin salir de casa por pintar con espray los cristales de un banco. Cosas de niños, joder.

Jamás habría imaginado lo que pasó. En realidad, nunca lo hubiera sabido sino hubiera tirado del hilo que unía su vaso con el mío. Éste se había roto al tirar de él porque mi amigo no daba señales de estar en su habitación. En ese momento, recuerdo que había pensado en la suerte que tenía de tener unos padres que, por lo menos, le dejaban salir de su cuarto. Que equivocado estaba…

“¿Se habría enfadado por romper nuestra única manera de comunicarnos?”

Todo parecía apuntar a eso.

Pasada la primera noche, en la que dormí como un bendito, pasó el día siguiente y el siguiente…

No veía ni siquiera a los padres de mi amigo. Las persianas descansaban bajadas y nadie se molestaba en abrirlas. Yo me quejaba a mis padres, les pedía explicaciones. Ellos trataban de tranquilizarme diciendo que volveríamos a hablarnos y esas cosas. Es fácil decir eso, pero pasarlo es difícil cuando sólo tienes un amigo.

Vencida la semana de castigo, mis padres me comunicaron que habían comprado una casita y que nos mudábamos ya.

Yo no quería dejar a mi amigo. ¡Esto era una locura! ¿Qué pasaba? ¿Por qué todo estaba ocurriendo tan rápido?

Las preguntas se quedaron sin respuesta hasta que hoy, diez años después, mis padres decidieron que ya era suficientemente fuerte como para afrontar la realidad.

Sabía de la imaginación desbordante de mi amigo. Todos se daban cuenta de que tenía una inventiva fuera de lo normal. La idea de los vasos comunicantes había sido de él.

Pero, como me contaron mis padres, le había jugado una mala pasada la primera noche de castigo.

Una imaginación libre sólo puede residir en el cuerpo de un alma libre.

Mi amigo no pudo soportar ni siquiera unas horas encerrado en su cuarto. Debió pensar que si Superman (del que era un gran fan) podía volar, porqué no iba a poder hacerlo él.

Así que abrió la ventana y saltó.

M. L. F.