Hasta pronto

Te sigo desde el pueblo hasta el campo, Dios santo, no me lo creo. Te paran ante la puerta enrejada. Te sacan y te cargan a hombros. Tu cuerpo en posición perfectamente horizontal. Me pongo a un lado, cerca de ti, cerca del espacio que vas a llenar. Ladrillo, cemento, ladrillo, cemento, ladrillo… cemento… Una lágrima resbala por mi mejilla. Me siento muy sola. Fundido en negro.

M. L. F.

*Para “Reto 5 líneas”. Mes: octubre. Iniciativa de nuestra estimada Adella Brac

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Algo inesperado

*Para “Reto 5 líneas” septiembre, de Adella Brac.

No es que me aburriese demasiado ir a la playa con mi primo “el cachas”. Bueno, la verdad es que sí. Todo el día exhibiéndose ante los ojos nerviosos de aquellas chicas… Sin embargo, uno de esos tediosos días, se le ocurrió, bendición, proponerme que hiciéramos un castillo, como los de los barcos. Ajeno yo a su astucia, tiempo después, me enteré de que había sido para llamar la atención de Marcos, marinero de vocación.

M. L. F.

Verano casi otoño

Supuestamente, hoy empezaba la primavera. No sé porqué, pero hoy me ha llegado tu recuerdo.

Te había hecho contar hasta cien de diez en diez, tapados tus ojos con tus manitas y apoyada tu frente en la farola testigo de los cambios de temporal en el puerto de nuestra infancia.

Se te veía enfadada. Me reí mucho de ti ese día.

Sin embargo, nunca olvidaré aquel beso en la nariz, inocente, que te dí al despedirnos, prima Vera.

Recuerdo, como si fuera ahora, haber saltado dentro del coche de los tíos aquella preciosa tarde de reflejos dorados como chispitas en el mar; tu pelo rizo imitando las ondas calmas; tus ojos verdes, casi azules a la luz del sol…

Puedo decirte, sin ápice de duda, que esa fue la primavera de mi vida.

M. L. F.

Tempura de mentiras

Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo- pensé mientras fumaba un cigarrillo en la rampa de acceso a la biblioteca.

Luego, hiriéndola: no importa lo alta que lleves la cabeza. Te observo. Te cojo en un renuncio inclinándola hacia abajo, y ese lento regresar a su posición altiva delata tu inseguridad.

Apago el cigarro. Ahora toca lo que toca. El lastre de la frustración se apodera de mí a medida que avanzo hacia esos casi diez años de estudio, sin habilidad ninguna.

¿Quién inclina ahora la cabeza en señal de sumisión? -río para mis adentros…, y pienso en la chica de antes.

¿Sabrá atarse los cordones?

M. L. F.

Enviado a microrrelatos de la Ser tiempo ha.

*Fotografía del blog de moda “Donkeycool” de la blogger Patricia García. Título: Bomber bird

Carta de despedida de Pequeña a los padres que nunca tuvo

Pequeña se sentó en su escritorio. Agarró la silla como para no escaparse y cogió el bolígrafo con sus manitas temblorosas. Éste iba a ser un ejercicio difícil: desengancharse de sus recuerdos bonitos, los menos, que tenía en su cabeza como mensajes publicitarios rodeados de luces de neón. Iba a deshacerse de la realidad que se había creado, de los padres que se había imaginado. Así que comenzó…

Se supone que es una carta para despedirme de la idealización en la que tengo metidos a mis padres, pero en el fondo parece que todo apunta a despedirme de la idealización que tengo en mi cabeza de mí misma como consecuencia del reflejo paterno, así es que…

Me gustaría despedirme agradeciéndoos todo esto:

Gracias por darme el aliento necesario para levantarme de la cama cuando apenas tenía uso de razón y me ensañáseis a apreciar la vida con los ojos abiertos.

Gracias por enseñarme a tener autonomía y a que hay más gente que me puede querer aparte de mi familia.

Gracias por enseñarme a estar contenta con mi cuerpo y con mi mente.

Gracias por explicarme lo que le pasaba a …. para no sentirme culpable; y dejar que llorara y expesara mis emociones, preguntándome, porque os preocupaba realmente lo que sentía.

Gracias por sentaros a mi lado, sin prisas, conscientes de lo importante que es que una niña comprenda que no es culpa suya.

Gracias por no hacerme sentir culpable ni cómplice de nada de lo que os atañera como pareja.

Gracias por no compararme con nadie.

Gracias por hacer que creyera en mis posibilidades y por orientarme adecuadamente.

Gracias por expresarme lo contentos que estábais del esfuerzo tan grande que estaba haciendo después de ya sabéis que.

Gracias por marcarme los horarios y por enseñarme cual era la mejor forma de organizarme.

Gracias por ayudarme a conocer mis límites sin juzgarme.

Gracias por hablar directamente conmigo antes que con nadie.

Gracias por no dejar que desaprovechara el tiempo, por hacer que lo valorara.

Gracias por respetar mi espacio y no hacerme sentir culpable por ello.

Gracias por sentaros conmigo y no dejarme sentir miedo, tristeza o culpabilidad, sino una seguridad calurosa y afectuosa.

Gracias por enseñarme a manejar mis emociones, a que las comprendiera y las expresara.

Gracias por todo y más, de verdad.

Un pequeño apunte: sólo me hubiera gustado que fuéseis reales.

Nadie es perfecto, ¿verdad?

Pequeña dejó el bolígrafo encima de la mesa, se reclinó en su silla y estuvo largo tiempo mirando a la pared imaginándose a los que pudieron haber sido sus padres.

La carta no había servido de nada.

M. L. F.