“Relatando” una vez al mes con Adella Brac

“Relatando” una vez al mes con Adella Brac

Copio correo electrónico:

Por tu compromiso y constancia con el reto 5 líneas, eres merecedora de una medalla de bronce.

Una muestra de la generosidad de Adella Brac para con los participantes del reto.

Este año el marcador se puso a cero. Así que tengo dos medallas de bronce con esta.

Aquí os dejo el enlace que os llevará a conocer sus fantásticas novelas.

Y aquí, los enlaces a mis relatos, por si no los habéis leído y os queréis pasar:

Enero

Febrero

Marzo

Gracias de todo corazón, Adella. Es todo un placer el que cada mes nos invites a estrujar nuestra imaginación en cinco líneas y con tres palabras.

M. L. F.

Caprichos de la naturaleza

Aquí os dejo mi participación en el #Reto5líneas que Adella Brac propone todos los meses. ¡Animaos!
Me incomoda el aspecto de la señora Margaret, mi ayudante secreta, con ese más que leve aire a Igor. Su curvatura dorsal, semejando un tronco propio de los árboles del Paraíso, le dota— por así decirlo— de una mirada estranguladora e inquisitiva. Temo que algún día me traicione si fracasa mi proyecto de dar vida a un conjunto de miembros muertos y no pueda pagarle lo prometido a cambio de su silencio y su ansiada operación de columna.
Por Marina López Fernández, del blog Por el hueco de la escalera

M. L. F.

Principio de obsesión

Mi participación en el #Reto5líneas de febrero de Adella Brac.
Me siento culpable, una suerte de Marnie o de Raskólnikov. Hace cosa de una semana, me invitó a subir a su casa con la excusa de no recuerdo bien qué. El caso es que subí. Entre tanto cachivache mis ojos se posaron en uno de los objetos, que me atrajo de forma sorprendente. No sé por qué, pero cuando me lo acercó, me vi a mí mismo matándola y corriendo escaleras abajo con mi trofeo. He decidido dejar de leer tanto y pasar a la acción.

M. L. F.

Coma y punto

Aquí os dejo mi participación en el #Reto5líneas del mes de enero, propuesto por Adella Brac.
No quiero dormir. Estoy harta de hacerlo. Llevo la mitad de mi vida haciéndolo. Conozco todo tipo de camas. Camas familiares, camas de hospital, mi cama, mi otra cama, cama, cama, cama. Justo cuando empezaba a querer levantarme, hacer vida normal…, ¡al diablo con todos! Nadie lo ve. Todos lo ven. Me están volviendo loca. Voces aquí y allá. ¡Que se callen, joder! Callaos, por favor… Yo solo quiero despertar, tranquila, y volver a veros.

M. L. F.

Mejor a la car(t)a

Mejor a la car(t)a

Mi novena colaboración en “El poder de las letras”.

Estoy al tanto de lo que ocurrió hace tiempo, gracias.

Me lo contó todo.

No entiendo porqué siguen con este cachondeo que, por otra parte, a mí no me hace ninguna gracia.

Será que es usted el que es y ha sido así.

¿Sabe qué pasa, señor? Pues pasa que tengo más clase que cualquiera de los que trabajan aquí, incluído usted, y exceptuando a uno de ellos.

No quiero sus disculpas, aunque quizá ni se le haya pasado por la cabeza el pedírmelas.

¡Ah, sí!, una cosa más…

Con todo el respeto, señor director, que es lo que no tiene usted conmigo…, ¡váyase a la mierda!

M. L. F.

Una broma mortal

Cuarta participación en el #Reto5líneas de diciembre propuesto por Adella Brac.

El tono del teléfono sonó fúnebre. D. contestó a la llamada de la mañana de aquel día con un débil “diga”, adivinatorio. La voz del otro lado le preguntó si J. se encontraba en casa. Como si un ángel pasara, reinó el silencio. “No, no está. ¿Por qué?” “Lo siento mucho. Se ha cortado las venas.” D. dejó caer el teléfono. Pasado un tiempo, sonó su móvil. Saltó el contestador. “¡Feliz Día de los Santos Inocentes!” No hubo respuesta.

M. L. F.

Simple y llanamente

La abuela del pequeño gran Tomasín le preguntó como quien pregunta al aire mientras removía el caldo que con tanta paciencia preparaba:

-¿Y qué quieres ser de mayor, Tomasín?

-Yo, jubilado.

La olla donde se preparaba el susodicho manjar cayó al suelo. Tooodo echado a perder. Tomasín y la abuela se miraron sobrecogidos y, de repente, estallaron en maravillosas carcajadas.

M. L. F.

En la tienda

Continuación de la vida de M.

M. se dirigió aquella mañana de otoño a la tienda que quedaba a poca distancia de su casa. En realidad, no había entrado nunca y fue la decisión de hacerlo lo que hizo de ese día un día especial (al menos para él, que ya es bastante).

Veréis el porqué…

Después de recorrer el establecimiento varias veces y no encontrar lo que buscaba, se decidió a preguntarle a una de las empleadas que se encontró en el camino.

-Disculpe, ¿los huevos, dónde están, por favor?

-Aquí no tenemos huevos.

M. salió de allí con la cabeza bien alta y pensando con gran júbilo que no era el único que no los tenía.

M. L. F.