Recuerdo

Fotografía: ChronosFer2

Recuerdo la primera vez que te vi. Dabas vueltas sobre ti mismo fumando un cigarro tras otro; los ojos rojos de tristeza…, rabia…

Recuerdo que alzaste la vista y me miraste. Frunciste el ceño. Creo que sentiste que estaba invadiendo tu intimidad. La verdad es que eso lo pensé yo.

No sabía qué hacer. Sólo pude esbozar una sonrisa tímida. Tú me la devolviste con un brillo en los ojos que no he vuelto a ver jamás, ni siquiera en los tuyos…

Ahora, es la cortina hecha de humo y los geranios marchitos quienes recuerdan nuestra historia.

Quizás hubiera sido mejor que aquel día no hubiese dejado salir a mi amor por la ventana.

Con la muerte no se puede, con la muerte no se puede…

Origen: El poder de las letras-Página de escritores…

M. L. F.

Vida de perros

Nueve partos sufrió mi madre. Nueve hermosos nacimientos. Cada vez que venía uno al mundo, la felicidad nos embargaba. 《¡Otro más!》, se oía por el pueblo. Pasada la primera etapa de la infancia, todo cambió. No había comida para todos. Nuestro hogar se volvía pequeño. Hablaban de nosotros; nos miraban con recelo. Nunca hubiera imaginado el calvario sufrido camino a la Iglesia. Me obligaron a ver morir a cada uno de mis hermanos.
Por Marina López Fernández, del blog Por el hueco de la escalera.

Origen: Reto5líneas de junio de Adella Brac…

M. L. F.

La bailarina…

Ilustración: Nessa G.

– ¡Mira tía!, ¿no te molaría aprender pole dance?

– Pero, ¿qué es? ¡¿Esto?!

Tú estás flipada. Sólo de verlo me dá vértigo y grima.

– Pues a mí me encantaría…

– Ya sé yo por qué…

– Pero, ¿de qué vas? Te estoy diciendo que me gustaría hacerlo y punto, ¡joder ya con la niña! Si lo sé, no te digo nada. A veces, pareces gilipollas, de verdad. Si a ti no te apetece, o te da grimilla, no lo hagas, pero a mí déjame en paz.

– Qué carácter chica. Hoy estamos las dos un poco sublevadas, me parece a mí.

(estallan en carcajadas)

– Ya te digo jajajaja

Pero, a ver, ¿de verdad que no te apetece?

– Ni de coña, nena.

– Jooo…, hazlo por mí…

– Mira, hoy iré a comprar las compresas esas que anuncian en la televisión que parece que te dan superpoderes, ¿sabes?, y luego te comento. A lo mejor me cogen en el Circo del Sol y todo.

M. L. F.

Asesinato pretérito perfecto

Recuerdo a mi abuelo sentado siempre en su silla y jurando en arameo. El último día que lo vi, yo había estado danzando por las calles del pueblo. Cuando subí a su casa, me lo encontré frente a la cruz cristiana clavada en el dintel de la puerta del salón. Al girarse, pude ver que retorcía el fular favorito de mi abuela (en paz descanse) y, mirándome fijamente, sentenció: «Padre, perdona nuestros pecados que son muchos y acertados».
Por Marina López Fernández, del blog Por el hueco de la escalera.

Origen: Adella Brac – Reto5líneas mayo…

Crimen perfecto

Esta mañana llamaron a casa. Me ofrecían un seguro de decesos. Me explicaron que estaban lanzando una campaña que incluía dos billetes de avión para dos personas ida y vuelta. La oferta no comprendía ciertos períodos vacacionales por eso de la masificación de gente en los aeropuertos. Acepté de inmediato. Le dije que sería mi esposa quien contratase la póliza. Ya me encargaba yo… Ese avión sería su tumba y la de su amante.

M. L. F.

Origen: Adella Brac

Artista erigido

Mi colaboración semanal en “Salto al reverso” de cada lunes.

Conocí a Gräfenberg el día de mi debut como trompetista en el Café Dublín junto con una compañera más habitual en esta plaza, que hacía el número del trombón.

No podía dejar de mover mis dedos sobre la barra de mármol del bar y dar coces contra la madera que la sostenía. La música iba acorde con mi pánico escénico. Era la primera vez.

Es curioso que conociera a este hombre el mismo día que enseñaba el arte de mi instrumento a un público que no conocía. Se acercó y me invitó a una negra haciéndole un gesto con la cabeza al camarero. Juro que no sé cómo, pero me la bebí de un sorbo. Al contrario de lo que creí, me puse aún más nervioso. El tipo me miraba con ojos de gato. No pronunció ni una sola palabra. Yo tampoco. La situación era absurda. Al fin, abrió la boca para decir que me relajase, que todo iba a salir bien, que mi trabajo duro daría esta noche sus frutos. Ganaría pasta, reconocimiento, todo lo que deseara. Una buena visión, pensé. Desconfiado, pero sin intuir sus intenciones, sentí como su mano se deslizaba por mi pierna hasta llegar a mi paquete.

—Para que te vayas calentando…, —me dijo.

—Pero, ¡¿qué coño haces?! —le solté apartándolo bruscamente.

—No levantes la voz, capullo, soy tu jefe. Esta noche no me puedes dejar mal, ya sabes… Así que, ¿por qué no empiezas a calentar motores?

Cuando acabó la actuación entre vítores y aplausos y con el jefe contento de cojones, rompí a llorar detrás del telón que ocultaba ya mi desnudez.

Vaya putada de vida, pensé. Vaya putada de vida…

M. L. F.