Carta de despedida de Pequeña a los padres que nunca tuvo

Pequeña se sentó en su escritorio. Agarró la silla como para no escaparse y cogió el bolígrafo con sus manitas temblorosas. Éste iba a ser un ejercicio difícil: desengancharse de sus recuerdos bonitos, los menos, que tenía en su cabeza como mensajes publicitarios rodeados de luces de neón. Iba a deshacerse de la realidad que se había creado, de los padres que se había imaginado. Así que comenzó…

Se supone que es una carta para despedirme de la idealización en la que tengo metidos a mis padres, pero en el fondo parece que todo apunta a despedirme de la idealización que tengo en mi cabeza de mí misma como consecuencia del reflejo paterno, así es que…

Me gustaría despedirme agradeciéndoos todo esto:

Gracias por darme el aliento necesario para levantarme de la cama cuando apenas tenía uso de razón y me ensañáseis a apreciar la vida con los ojos abiertos.

Gracias por enseñarme a tener autonomía y a que hay más gente que me puede querer aparte de mi familia.

Gracias por enseñarme a estar contenta con mi cuerpo y con mi mente.

Gracias por explicarme lo que le pasaba a …. para no sentirme culpable; y dejar que llorara y expesara mis emociones, preguntándome, porque os preocupaba realmente lo que sentía.

Gracias por sentaros a mi lado, sin prisas, conscientes de lo importante que es que una niña comprenda que no es culpa suya.

Gracias por no hacerme sentir culpable ni cómplice de nada de lo que os atañera como pareja.

Gracias por no compararme con nadie.

Gracias por hacer que creyera en mis posibilidades y por orientarme adecuadamente.

Gracias por expresarme lo contentos que estábais del esfuerzo tan grande que estaba haciendo después de ya sabéis que.

Gracias por marcarme los horarios y por enseñarme cual era la mejor forma de organizarme.

Gracias por ayudarme a conocer mis límites sin juzgarme.

Gracias por hablar directamente conmigo antes que con nadie.

Gracias por no dejar que desaprovechara el tiempo, por hacer que lo valorara.

Gracias por respetar mi espacio y no hacerme sentir culpable por ello.

Gracias por sentaros conmigo y no dejarme sentir miedo, tristeza o culpabilidad, sino una seguridad calurosa y afectuosa.

Gracias por enseñarme a manejar mis emociones, a que las comprendiera y las expresara.

Gracias por todo y más, de verdad.

Un pequeño apunte: sólo me hubiera gustado que fuéseis reales.

Nadie es perfecto, ¿verdad?

Pequeña dejó el bolígrafo encima de la mesa, se reclinó en su silla y estuvo largo tiempo mirando a la pared imaginándose a los que pudieron haber sido sus padres.

La carta no había servido de nada.

M. L. F.

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13 comentarios en “Carta de despedida de Pequeña a los padres que nunca tuvo

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