Maldito espejo

Se levantó a las ocho de la mañana, como de costumbre: sin ganas de levantarse. Siempre le dedicaba unos segundos a ese duermevela al que se entregaba no sin cierta obsesión. Formaba parte de su ritual.

Por fin pudo deshacerse de la telaraña que le impedía abrir los ojos a cada nuevo amanecer. Hizo un amago de salto, se calzó las zapatillas y avanzó renqueante por el largo pasillo hasta el baño. El espejo reflejaba su imagen nada más atravesar el umbral. Tuvo miedo de mirarse.

Sentía una presión en la boca del estómago y sus sienes palpitaban aumentando un zumbido intenso en sus oídos. Levantó rápidamente los ojos para encontrarse consigo misma, pero un acto reflejo hizo que los bajara de golpe. Era más fácil ver como se colaban las gotas por el desagüe que la física decadencia a que se había abandonado en el instante en que se olvidó de sí misma.

Se preguntó:

-¿Qué se ha roto en mí?

Su cerebro no retuvo su queja de tan bajo que lo dijo.

Esta vez en voz alta y apretando sus dientes:

-Los poetas ven sus soluciones en un papel, pero no tienen el valor suficiente para enfrentarse a ellas. Son suicidas vivos. Cada vez que escriben, sienten  morir una parte de su alma. Sus quejas son eternas…, y malditas.

Calló durante unos minutos.

Tomó conciencia de sus débiles brazos empeñados en apoyarse en los bordes de la pila como para arrancarla de cuajo.

De repente, clavó sus ojos en sus ojos. Un momento en ellos. Analizó cada sección de su cara. Tantos errores cometidos se burlaban de ella y hacían que aborreciera cada átomo y molécula que daba lugar a su ser, a su parecer.

Cogió el vaso donde descansaba su cepillo de dientes verde y, sin dejar de mirarse, lo tiró contra el espejo.

Como si hubiera ganado poder sobre sí misma y después de exhalar un suspiro, dijo tranquilamente:

-Ahora sí que me veo.

El espejo aún sigue roto. Sus piezas, el puzle, el desorden, dejaron que ella se aceptase tal cual era: una muñeca rota.

M. L. F.

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42 comentarios en “Maldito espejo

  1. Espléndido Marina.
    Hay que atreverse a mirarse al espejo, no sentir miedo de lo que pase, sentirte orgulloso de lo que veas, decirte guapo o guapa y decirte que hiciste las cosas bien, aunque a veces las hicieses regular o mal: esto es ser justo con uno mismo.

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  2. Nada pode ser mais definitivo que “clavar sus ojos en sus ojos”, o verdadeiro espelho para além da palavra escrita, para além da metáfora, para além da própria realidade. Nada supera o encontrar-se. Como sempre, um texto para além do próprio texto.

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