Aparecí muerto.

Ya no estaba y,

lo que era peor,

estaba solo,

solo

en no se sabe

qué parte del universo.

Recuerdo la estrella vacilante,

sonriéndome a ratos,

intentando tapar con su luminosidad

las lágrimas

que inundaban mis mejillas.

Aparecí delante de la nada,

sonrojado,

confuso,

pensando en mi futuro…,

que ya era pasado y,

viviendo un presente

que me era ajeno,

que no conseguía entender,

que me asfixiaba.

Mis entrañas se revolvieron.

Vomité.

¿Qué era aquello?

No consigo recordarlo.

¿Eran piedras?,

al menos lo parecían.

Creo que estuve vomitando

durante

más de una hora.

¿Existía el tiempo?

Todo eran piedras.

Construí una montaña.

El último hilo

de vómito

se me apareció

en forma de hoja

escrita con una sola palabra:

CAPARAZÓN.

Comprendí entonces

que esas piedras

no eran sino

la coraza

que había protegido,

¿protegido?,

a mi corazón

de los golpes de la vida.

¿Por qué?

¿Por qué?

Mis manos,

sin yo querer,

arañaban mi cara,

la desgarraban.

Caí desmayado.

Estaba arrepentido,

arrepentido

de haber tenido miedo

durante

toda

mi vida.

De repente,

algo en mí
se calmó.

¡¿Acaso había

tenido que esperar

hasta ahora

para saberlo,

para darme

cuenta de

mi insignificancia,

de mi

tedio?!

No.

No.

No.

Por favor.

Otra vez y

otra vez vomité.

Salían nubes,

densas nubes,

mi ira aprisionada.

Y grité

grité  y

lloré y

descubrí que

no era tan fuerte

como pensaba.

Y volví a vomitar y

se me salió

el corazón

por la boca,

sangrante,

bañado en una ola gigantesca

que nubló la estrella

que antes me sonreía y

eran mis lágrimas y

era mi ira y

eran mis piedras y

las de todos ellos y

las de todas ellas.

Y pedí morir

y ya estaba muerto.

Y me di cuenta de

que ya no podía pedir

deseos.

Y me arrepentí de

no haberle hecho caso

a mi corazón

cuando soñaba

dormido

y

despierto.

Y pedí

perdón,

perdón,

perdón

a

mismo

…,

perdón.

Caí exhausto.

Dormí.

Cuando abrí los ojos

estaba en casa.

Sonrío.

Voy al baño.

Me miro en el espejo.

Hay un trozo

a medio salir de mi boca.

Lo saco.

CAPARAZÓN.

Mis ojos rojos

e hinchados.

Ya no tengo miedo.

M. L. F.

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9 comentarios en “Despertar

  1. Joder! No puedo marcar que me gusta por no tener blog!! Aaaaahhhg!! Mari, me parecio buenísimo… es duro quitarse la coraza, pero llega el momento que te obliga a hacerlo. Me encanta como escribes

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