Hoy volví a verla. En su columpio. No sé cuántos años tendrá. No más de 16.

Recuerdo la primera vez que la vi.

Febrero.

Yo corría por el parque gritando a mi perra entre divertida y temerosa. Un lugar donde resguardarnos.

Tormentas de febrero.

Y lo encontré en mitad de aquel diluvio. Frené como pude. Me detuve. Miré de reojo a mi perra. Ella también se había parado. La lluvia seguía su curso, el de calarnos hasta los huesos.

Ahí estaba. Columpiándose. Mirando al infinito tras sus gafas empapadas.

Estuve a punto de acercarme. No pude. No quise.

Me pregunté en qué maravilloso mundo estaba esa niña, abandonada en el mío, reina del suyo.

Hoy, volví a verla. No llovía. Sin embargo, a su lado yacía un paraguas. Un paraguas muerto.

Porque -asentí y bajé la cabeza entre orgullosa y meláncolica- ella nunca lo necesitará.

M. L. F.

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7 comentarios en “La niña del columpio

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